Pérdida de peso de citas

El nacimiento, la vida y la muerte, según el filósofo Santiago Kovadloff.

2018.03.03 18:46 mematodeuntiro El nacimiento, la vida y la muerte, según el filósofo Santiago Kovadloff.

En una entrevista donde habla de Macri, Cristina, el Peronismo, el debate sobre la despenalización del aborto, el rol del Papa y algunas cosas más, me gustaría extraer este pequeño fragmento donde expone sobre el nacimiento, la vida y la muerte. Desde ya recomiendo escuchar (y ver, si es posible) toda la entrevista completa.
 
LINK: https://www.youtube.com/watch?v=h6HzN-Mfw0g
 
Extracto a partir de 39:46
 
Luis Novaresio: "¿Nos morimos y qué pasa, Santiago?"
Santiago Kovadloff: "Bueno. Yo puedo hablar desde la siguiente perspectiva, a un hombre joven todavía como usted."
LN: "No tanto..."
SK: "No, no. No quiero exagerar, pero evidentemente la diferencia entre nosotros está clara. Yo ya sé que he vivido la mayor parte de mi vida. Desconozco, por supuesto, qué día he de morir, pero sé que estoy más cerca del final que de lo que podríamos llamar el tránsito hacia el final. Creo que los hombres malentienden la muerte cuando la conciben como desenlace. Nos vamos muriendo, y dejamos de morir al expirar. La muerte es lo que voy viviendo. La muerte es lo que me está sucediendo. Cuando celebro mi cumpleaños, celebro también, aunque más moderadamente, el tránsito del tiempo. Dejamos de morir al expirar y por eso, lo escribí hace poco: lo ideal es nacer dos veces y morir una. Se nace dos veces cuando uno es parido por su madre, la primera vez, y por un proyecto vocacional la segunda. Y se trata de morir una sola, en manos de la naturaleza, sin que eso implique la pérdida del ideal de la pasión por la creación de una obra, de un proyecto, de una vida."
LN: "Tal cual lo conocemos nosotros, todo indica que este tránsito final, que me gusta no tomarlo como desenlace, nos priva de seguir militando en esa pasión. Vaya a saberse, no sabemos qué es esto, pero pareciera."
SK: "Así es. El protagonista de la muerte, en cada caso, es alguien a quien podemos decir no yo. El muerto es no yo. El que muere, agoniza y expira soy yo."
LN: "Y después, ¿fantasea o tiene la convicción de qué es?"
SK: "Mire. Le voy a decir algo. Para mí el milagro es haber sido uno por una única vez. Si un milagro es algo irrepetible e inusual, haber sido uno por una única vez me basta."
LN: "Con eso alcanza. Nunca se aferró a la idea de la reencarnación..."
SK: "No. Yo creo que los años van enseñándonos a dejar lugar a los que siguen, más que reivindicar el del hecho a la perpetuidad."
LN: "Eso me gusta, que la reencarnación es casi un gesto de soberbia o de egoísmo, de volver a ocupar espacios que por ahí pueden ocupar otros."
SK: "Si. Además, digamos con todo el respeto que les debo a quienes creen en la inmortalidad del alma, me parece mucho más interesante haber protagonizado el tener un alma, el haber vivido, el haber sentido, el haberme emocionado con un amanecer, con un amor, con la posibilidad de un encuentro con un amigo, a que la redundancia."
LN: "Alguna vez le robé a una enfermera, en una situación muy crítica, una frase que me ha marcado y que describió algo que yo no sabía poner en palabras, y es que 'el deseo es el arquitecto de la vida'."
SK: "Si. Lacan puro. Es que creo verdaderamente: somos el fruto de nuestro deseo. Éste es el segundo nacimiento del que yo le hablaba. Lo que nos llama, lo que nos impulsa. Siempre recuerdo un efecto muy notable que produjo en el padre de Mozart, una carta que él siendo jovencito le escribió, harto de estar en París, donde el padre lo obligaba a tocar en Versalles para que ganara unos pesos, unas monedas. Y él le pide al padre, le suplica que lo deje partir para Italia porque dice 'acá en Francia están matando la música como ya mataron la poesía. Papá entienda usted, hay tres músicos en Alemania: Bach, Haendel y yo'. Tenía 20 años. El padre, naturalmente, le dijo que era un mocoso impertinente!. ¿Él acaso creía que era Mozart? No era Mozart. Pero resulta que tenía razón. Ahora, la razón que tuvo, tuvo que ver con la robustez del deseo. Ningún creador lo es porque la vida le resulta fácil. La potencia en una vocación va contra toda evidencia y contra toda dificultad. Puede mucho más que la adversidad. Los grandes artistas, los grandes pensadores, no han compuesto sus obras en condiciones óptimas."
LN: "Y esto es muy interesante, porque el deseo parece como un acto de quietud, de sentarse a desear pero casi como una cosa mal llamada 'zen'. El deseo es el que inmediatamente precede al acto, y el acto convencido..."
SK: "Es que el deseo se adueña de nosotros. Nosotros no tenemos vocación, la vocación nos tiene a nosotros. Estamos en sus manos si deveras la tenemos. Y es un milagro que debe ser agradecido. Si uno pudiera elegir cuando tiene una vocación, sin duda alguna optaría por un margen de oportunidades que se le brinden, pero la vocación es imperativa, autoritaria. O se cumple con ella, o se perece. Rainer Maria Rilke, en las Cartas a un joven poeta, le responde a Kappus, su interlocutor, cuando Kappus jovencito le dice 'yo no sé si debo seguir escribiendo'. Entonces Rilke, que no era mucho mayor que él, pero era más sabio, le dice 'Mire. Si en la más serena de sus noches usted se pregunta ¿puedo dejar de escribir?, o ¿moriría si dejo de escribir?, su respuesta es sí, moriría, quédese tranquilo.'"
 
Hasta acá lo que me interesaba compartir. Espero que les haya sido tan interesante como a mí. En lo posible, repito, tomarse una horita para verla completa.
Por último, cierra con algo para aquellos que no se sienten atraídos por la lectura.
 
LN: "Siempre sueño cuando charlo con algún pensador, o algún filósofo, que hay alguien que no ha sido tomado por el virus maravilloso de la lectura, y que siempre se está a tiempo. Lo está mirando alguien que no siente que la lectura es un placer incomparable. Sedúzcalo con algún texto."
SK: "Bueno. Recién citaba unos poemas de Borges. Yo creo que una experiencia que a mí me ha ayudado mucho a difundir la poesía ha sido brindársela a quienes no leen pero pueden oír. De pronto, haciendo alguno de los espectáculos a los que usted se refería, me tocó leer o decir poemas ante gente que nunca había vivido la emoción de la lectura. Y al finalizar el espectáculo me decían '¡Es extraordinario esto!'. ¿Y cuál es el secreto?. Todo texto es, además de un manuscrito, además de una obra originalmente escrita, como si dijéramos una partitura. Hay que ejecutarla bien con la voz, porque la voz es la que le infunde credibilidad a lo que se dice."
 
Yo no soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.
 
Ventanas de mi cuarto,
de mi cuarto que es uno entre millones del mundo que nadie vé.
(Y si lo viesen, ¿qué veerían?)
Dan al misterio de una calle cruzada constantemente por gente,
con una carroza que lo conduce todo por el camino de nada.
 
¿Qué sé yo de lo que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? Pero hay tantos que piensan ser lo mismo,
que no podemos ser tantos.
 
(Cita casi textual de Tabaquería, por Fernando Pessoa)
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2016.06.06 17:27 EDUARDOMOLINA GERMAN CANO, Candidato de PODEMOS al Senado. ¿Construyendo la casa por o con el tejado? Podemos y (algunos de) sus críticos.Alguien dijo que el discurso del PSOE tenía éxito porque era un retrato de la sociedad; si Podemos empieza a serlo es justo por lo mismo.

http://ctxt.es/es/20160601/Firmas/6446/Elecciones-26J-Podemos-PSOE.htm
"Seguramente recuerden la cita del multimillonario Warren Buffett: “Claro que hay lucha de clases. Pero es mi clase, la de los ricos, la que ha empezado esta lucha. Y vamos ganando”. Argumentando que la desigualdad económica durante las últimas décadas estaba creciendo exponencialmente mientras menguaban los impuestos para los ricos, la falta de pudor del multimillonario americano planteaba para muchos el escenario obligado en el que debía situarse toda fuerza de oposición. Buffet mostraba así el camino regio de la Izquierda: ésta debía por fin tomarse en serio su lugar en la lucha. ¿Por qué la Izquierda debería responder negando la centralidad de la política de clases e invertir esfuerzo en la lucha ideológica cuando el enemigo mostraba tanto cinismo a la hora de presentar un diagnóstico tan palmario? Contestándola aun de forma insuficiente, la historiadora británica marxista Ellen Meiksins Wood formuló, al calor de la lucha de los sindicatos mineros en los ochenta en Inglaterra, una pregunta clave: ¿por qué los movimientos críticos deberían obsesionarse más con los fetiches ideológicos del thatcherismo que con su práctica real en su guerra de clases contra el trabajo?
Vistas retrospectivamente estas dos décadas, lo que a Meiksins Wood le parecía un error --esa excesiva preocupación por la lucha ideológica-- se antoja hoy, sin embargo, una cuestión determinante. Y lo es, entre otras cosas, porque precisamente esa derrota de los sindicatos mineros en manos de Thatcher, muy glosada en el imaginario cinematográfico, por ejemplo, sigue siendo una amarga lección de los errores políticos ligados a esa vuelta al "realismo" de clase sin práctica cultural. En Inglaterra se esperaba la fuerza de la clase trabajadora, pero tampoco llegó esta vez conforme a las expectativas. Si la respuesta realista al cinismo de la clase dominante produjo una política incorrecta para esa lucha correcta fue justo por descuidar el trabajo ideológico y subestimar el modo en el que el adversario había cambiado también su forma. Ahora se llamaba neoliberal, y mientras la Izquierda ondeaba épica y frontalmente sus banderas frente al adversario, aquél ganaba sutil y capilarmente su fuerza mediante la búsqueda de consentimiento en las experiencias de la vida cotidiana y lograba condensar la inevitable pluralidad y la diferencia de las sociedades tardocapitalistas en un proyecto político-cultural.
En esta coyuntura sin garantías históricas, puede entenderse que la arquitectónica tradicional de la Izquierda, con sus privilegios apoyados sobre la diferencia entre base económica y supraestructura ideológica, entrara en crisis. Lo significativo es que, a raíz de las transformaciones culturales del capitalismo desde los sesenta, tener políticamente los pies en el suelo dejó de ser una opción, al menos políticamente hablando, realista. Máxime cuando las clases trabajadoras votaban derecha y los oprimidos por el sistema parecían mostrarse muy interesados en luchar contra sus presuntos intereses "naturales". Ante esta situación, el error político de la Izquierda fue, siguiendo la clásica brújula de los cimientos --ese "en última instancia"--, adoptar el mantra racionalista y entender como un simple error de juicio por parte de las masas su renuncia voluntaria a sus intereses, el haberse dejado manipular por las añagazas del conservadurismo thatcheriano. Ahora bien, si el nuevo "populismo autoritario", como fue definido por Stuart Hall, generó tal consentimiento ¿no fue porque, en esa situación concreta, aunque deformándolas en un sentido de repliegue conservador, interpelaba y escuchaba mejor las condiciones reales, experiencias y contradicciones de la vida de la gente?
¿Qué lecciones extraer de estos procesos históricos? Una posible, que si la izquierda quería ser una alternativa seria, su reconstrucción tenía que partir del reconocimiento de los puntos fuertes de su adversario y ser también consciente de su fuerza ideológica. En esta conservación con el diablo ya Gramsci había marcado líneas de orientación de una posible propuesta carente de garantías pero rica en articulaciones. Si la huelga de mineros de 1984-1985 mostró algo era que la apelación desnuda a la lucha de clase en los términos “realistas” de Buffet se estrellaba ante un thatcherismo que había conquistado posiciones de consenso en espacios sociales tradicionalmente ocupados por la clase trabajadora. La crisis se cerraba desde arriba en términos neoliberales mientras las apelaciones a "lo obrero" seguían planteando el territorio de combate en los escenarios clásicos.
Si Podemos apareció para algunos sectores como un “intruso” en la casa de la izquierda es porque buscó desde su entrada en escena, conforme a estas lecciones históricas, poner entre paréntesis esa identidad que obligaba obsesivamente a transmutar heroicamente las derrotas en victorias y jugar otro juego, cambiando la escala del enfrentamiento. Se había perdido, y había que reconocerlo, pero no necesariamente había que resignarse. El momento autocrítico del pesimismo de la inteligencia podía encontrar su optimismo. Pero para ello había que superar una estéril alternativa, la que aparecía, por un lado, entre la apuesta por abrillantar los cimientos del edificio de la Izquierda a la “espera” de que los receptores llegaran a la buena nueva de su mensaje en virtud del reconocimiento de sus profundas contradicciones y malestares y, por otro, los diferentes voluntarismos. En este sentido, yerran en el tiro quienes acostumbran en sus análisis a identificar a Podemos con una "fantasía intelectualista" enamorada de la capacidad mundoconstituyente del discurso y al margen de las condiciones materiales y sociales, como trataré de argumentar.
Aquí observamos algo curioso: cuánto más se desacredita políticamente a la formación por interpelar al grado más grosero de la emotividad, más se censura teóricamente su supuesto manierismo conceptual. Incluso allí donde la Izquierda cuestiona de Podemos una excesiva interpelación moralista al sentido común de “lo justo” que maquilla las "verdaderas" necesidades e intereses, la Derecha solo percibe a un funesto aprendiz de brujo que desata las bajas pasiones de la turba.
En todo caso, hastiado de esa espera, que solo redistribuía el poder dentro de los aparatos tradicionales de partido, y sabedor de la ilusión que suponía seguir huyendo hacia adelante, Podemos entró en la escena política española entendiendo que debía aceptar y contaminarse con ese fragmentado y contradictorio sentido común existente trabajando en sus núcleos de buen sentido. Había que intervenir y “llegar a tiempo” allí donde la construcción política podía ser más efectiva. En pocas palabras, no había que seguir esperando a la Izquierda. Para ello había que aligerarla un poco de peso, aceptar un horizonte político sin garantías históricas, y afinar la relación entre la teoría y la praxis. Pero no desde un voluntarismo discursivo, como se critica habitualmente con desconocimiento, sino justamente para poder conectar mejor con la realidad social. Había que tener presente la lección del 15M de que la construcción política se podía realizar mejor bajo fórmulas más sencillas, emotivas y cotidianas que desde proclamas identitarias o marcos apriorísticos que recortaban la coyuntura en función de sus presupuestos a priori. Lo que perturba de los nuevos agentes políticos es que son fuerzas históricas que no se cimentan de forma evidente o directa en las condiciones específicas de la vida material o, al menos, se relacionan con ella de una forma más compleja.
Sin embargo, la respuesta de los críticos fue inmediata: Podemos buscaba "construir la casa por el tejado". En lugar de ver la complejidad del “con”, se optó por la interpretación de “por el tejado”. Demasiada "cultura" y discurso, en suma. Aunque, ciertamente, la casa de la Izquierda, a pesar de los entusiastas insobornables al desaliento ("El 15M como fase prerrevolucionaria"), si no estaba medio en ruinas, no ofrecía muy buen aspecto, no se ponía en duda la relación entre los cimientos y los techos ideológicos.
¿Qué ofrecía Podemos a la pérdida de ese privilegio arquitectónico de la Izquierda? La hipótesis de que el importante aprendizaje realizado desde la década de los sesenta por los movimientos sociales de que los intereses políticos no se agotan en situaciones conflictivas de clase no necesariamente tiene que implicar cortar el nudo existente entre las situaciones sociales y materiales y los intereses políticos. Eso sí, esa tensión debía afrontarse con una mayor complejidad de lo que la izquierda tradicional lo había hecho en su programa político y práctica cultural. ¿Cómo impulsar una mejor relación entre los "cimientos" y el tejado, entre la "materia prima" de los malestares sociales y el horizonte, la ilusión de futuro?
Se esgrime desde la izquierda marxista, y a veces con razón, que la imagen planteada por sus críticos revisionistas es de un excesivo reduccionismo. Pero en este debate también a veces uno tiene la impresión de que la izquierda tradicional a menudo entiende que tomarse la cultura en serio es tomársela excesivamente en serio y de que con frecuencia se construye un espantajo, el muñeco políticamente hipertrofiado del "voluntarismo discursivo", para evitar un debate más matizado y complejo sobre una práctica política y económica sensible a las derrotas ante el neoliberalismo. Si acudimos, por ejemplo, al análisis del thatcherismo y la derrota de las luchas mineras en los ochenta, observamos que tanto por los resabios reduccionistas como también por los excesos posmodernos culturalistas no hemos avanzado demasiado.
En este contexto, la novedad de Podemos, y lo digo so pena de ser repetitivo, ha radicado precisamente en ofrecer una posibilidad distinta de entender la conexión entre la teoría y la praxis, no en disolverla desde una presunta autonomía del discurso político. En otras palabras, ¿realmente alguien puede creer que el éxito de su hipótesis ha consistido en su voluntarismo discursivo al margen de las condiciones materiales y sociales de nuestro país? Si la práctica político-cultural de Podemos ha abierto, como todo el mundo reconoce, una brecha no es, desde luego, porque haya sobrevolado moral o utópicamente con una "fantasía intelectualista" estas condiciones emergentes o se haya anticipado o fundido con ellas, sino porque las ha interpretado mejor desde una "imaginación --este es el matiz gramsciano decisivo-- concreta" para transformarlas.
Si ha sido, al menos por ahora, una buena respuesta a una problemática concreta es porque, de algún modo, esta respuesta estaba ligada orgánicamente, por así decirlo, a dicha problemática social, esto es, no estaba separada de ella. Si no hubiera sido así --y este era el riesgo que sobrevoló, en enero de 2014, sobre muchos participantes en el acto del Teatro del Barrio--, no habría existido ningún espacio político de mayorías para Podemos y la formación habría engrosado la larga lista de "frentes populares judaicos" al estilo de Monty Python. Alguien dijo que el discurso del PSOE tenía éxito porque era un retrato fidedigno de la sociedad española; si Podemos empieza a serlo es justo por lo mismo. Ojo, y un retrato no es una foto fija, sino más bien en movimiento, con sus deseos y expectativas.
Es esta relación entre la hipótesis teórica y la realidad social en movimiento la que queda desdibujada cuando se presenta a Podemos como la hipótesis de un grupo básicamente universitario que, experto en el marketing político, ha sabido agregar mecánicamente, en función de un discurso seductor, múltiples voluntades. Esta lectura no solo subestima la capacidad popular de entendimiento como una dimensión activa, sino que malentiende la tensión entre el proyecto político y la fuerza social que le acompaña, toda vez que la entiende como simple arcilla susceptible de ser estirada y moldeada por una supuesta vanguardia intelectual.
En efecto, más que asumirse de un modo pasivo, la identidad de un proceso colectivo se conforma en su proceso, en su aprendizaje, en sus relatos, expectativas de futuro, hitos e imágenes. Este es el sentido de que un pueblo, más que nacer o venir al mundo, deviene. Esta es una construcción que hoy precisa, frente a las élites extractivas, no de un cierre de filas desde la suma de fuerzas "radicales", sino sobre la base de una inédita y radical fraternidad social entre extraños que no descuide el trabajo político en esos espacios cotidianos y normalizados que hasta ahora eran vistos como distracciones secundarias. Esto es justo "hacer pueblo": impulsar un proceso de aprendizaje colectivo distinto del de construir sobre los cimientos de la "casa de la Izquierda".
En el artículo de respuesta a Iñigo Errejón de Brais Fernández y Emmanuel Rodríguez, ya replicado adecuadamente por Adrià Porta y Luis Jiménez en lo que respecta al supuesto problema de “la autonomía discursiva”, hay un punto, aparentemente secundario, que quisiera comentar para terminar. En él llama la atención cierta indiferencia en relación con la "clienta animalista" y el "carnicero que se divierte en Chueca", los dos ciudadanos que se muestran simpatizantes con Podemos en el artículo del secretario político de la formación morada. Mientras Errejón parte del malestar difuso de ambos individuos como una advertencia reflexiva sobre cómo los procesos de construcción política articulados por Podemos no nos sitúan en un escenario en absoluto claro y distinto y, desde luego, ajeno a los modos de interpelación individualista del liberalismo y clasista del marxismo, Fernández y Rodríguez, atados a la típica lógica de la izquierda tradicional de ir más allá de lo aparente e ir a los "cimientos", parecen desestimar la relevancia política de estos malestares "superficiales" por no situarse en la esfera genuina de la lucha y el conflicto ("sin la experiencia del conflicto, no hay sujeto", escriben). Se deduce que, en las prioridades de su agenda política, ni la clienta animalista ni el jovial carnicero del "súper chic" (sic) del barrio de Errejón merecen especial atención por no ser suficientemente radicales. A diferencia de ellos, entiendo que articular y construir sobre estos malestares un discurso político es un trabajo hoy necesario de no menos radicalidad política.
En primer lugar, porque esa indiferencia deja de lado la constatación de que en un escenario en el que las élites políticas y económicas actuales à la Buffet viven tan obscenamente a espaldas del resto de la sociedad, estos individuos tan "normales" son aliados frente a un mismo adversario que desahucia nuestras mismas condiciones de vida. En un contexto como el del neoliberalismo actual que hace gala de la mayor radicalidad revolucionaria y erosiona toda normalidad, ¿cómo no hacernos cómplices de la gente normal? Por otra parte, ¿cómo cambiar las cosas si somos demasiado diferentes de esta normalidad? Cuidado aquí -no lo digo por los autores-- con repetir errores anteriores de la Izquierda, cuando la crítica radical a todo lo "burgués" por pusilánime y moderado allanaba el camino a la concentración de un capital que veía con buena gana las reivindicaciones extraordinarias de un "hombre nuevo".
En segundo lugar, mientras el interés de Errejón va de las expectativas afectivas de estos dos individuos a la identificación con el proyecto de Podemos --¿qué fantasía o imaginación concreta les estimula?--, Fernández y Rodríguez, ajenos al reconocimiento de esas demandas, rehacen el camino yendo a la situación social de estos, mostrando indirectamente su esterilidad política a raíz de su moderación social (hasta ahora) indiferente a la lucha y el conflicto social.
La no interpelación o descalificación implícita de esos espacios de vida y reconocimiento, que no se interesa por la densidad de esas experiencias e identidades no forjadas en la esfera del trabajo, se antoja además un repliegue político problemático en un contexto como el neoliberal. Por otra parte, al subordinar estas experiencias cotidianas al centro de gravedad del conflicto deja escapar la cuestión de cómo evitar el sectarismo y abrirse a la generación de nuevos sujetos políticos. Porque es en este terreno ambiguo donde también pueden constituirse otras prácticas y confrontaciones. Aquí lo que se puede ver como una "evasión" culturalista de lo importante es justo el terreno decisivo, por mucho que se perciba erróneamente que ocuparse de "esas cosas" no es hacer política de verdad.
En la medida en que los críticos de Podemos tienden a entender la lógica política como una topología binaria donde la superficie y la profundidad no tienen posibles mediaciones, desestiman el valor político de ese malestar confuso y epidérmico --ese "plus de sentido" o "excedente simbólico" del que habla Errejón-- por no ser un valor político serio. No merece la pena tomarse en serio, parecen decir, a quienes no se toman la política suficientemente en serio, esto es, como lucha o conflicto. Vemos aquí que tomarse el plano cultural o discursivo en serio apunta a una lógica distinta que no necesariamente lo plantea como causa última. En este sentido, tomarse culturalmente la política en serio significa tomarse en serio a quienes parecen (solo desde la mirada profunda de los "cimientos") no tomarse la política en serio. Yerra el tiro, pues, quien ve en este movimiento un gesto que hace cultura mientras no puede hacer política transformadora; es justo al contrario, se hace práctica cultural para hacer política transformadora, mientras se hace política.
Si Podemos ha puesto en práctica una mejor gramática de la crisis española no es porque se haya limitado a ser el reflejo directo o mecánico de la fuerza ya existente en las calles y plazas, sino porque ha sabido construir intereses políticos de forma efectiva sobre y desde estas nuevas fuerzas difusas de cambio y resistencia. Llama la atención por tanto que se acuse de hipertrofia politicista a una hipótesis que ha transformado con tanta efectividad la realidad del tablero político existente y precisamente dejando de lado las estrategias que ahora se vuelven a esgrimir como menos intelectuales y "más realistas". Más que debates teóricos sobre Laclau, Althusser o Kant, ¿no es más importante partir de esta premisa: ¿cómo y por qué hemos llegado a ser en la práctica la verdadera fuerza alternativa al bipartidismo y al Régimen del 78?
Lo que está en juego en esta "vuelta a los cimientos" por parte de la Izquierda clásica y, por tanto, en esa imagen de la cultura como simple "tejado" es un problema político hoy crucial. En la medida en que estas posiciones, marcadas históricamente por un modo muy directo de entender la militancia y la lucha social "en la calle", entienden que la hegemonía ideológica no se gana en el terreno cotidiano del sentido común, un plano por definición, según esta concepción, excesivamente normalizado y "pasivo", sino en el de los cimientos de la casa --la base socioeconómica, su reproducción y sus intereses "objetivos"--, es estéril plantear una lucha en un enclave donde, según ellas, no se gana absolutamente nada o muy poco.
Otra posición parecida aquí es la que subraya la necesidad, a la hora de hacer política, de luchar no para conseguir poder o construir una mayor fuerza de consenso para introducir determinadas cuestiones, sino de decir enfáticamente la verdad. No hace falta insistir en qué medida la Izquierda tradicional ha estado apegada a esta imagen topológica que separa sin mediaciones entre la superficie de la ilusión y la mixtificación y la realidad de fondo. Aquí la obsesión espeleológica de la Izquierda tiende a no comprender el sentido común como un espacio de frontera o zona de contacto no dominada unilateralmente por la lógica capitalista y que muestra resistencias y fisuras.
Podemos no es ni puede ser un proyecto puramente teórico basado en una política ideológica ociosamente desconectada de sus bases sociales; por el contrario, debe operar como una fuerza social organizadora que constituya activamente a los sujetos humanos desde la raíz de sus experiencias en la esfera de la vida cotidiana y pretenda dotarles de formas de valor y creencia relevantes para sus tareas sociales específicas y la reproducción general del orden social. Estos sujetos se constituyen siempre de manera conflictiva y precaria; y aunque la ideología se "centre en el sujeto", no puede reducirse a la cuestión de la subjetividad. Aunque la mejor política ideológica posible contribuya a la constitución de intereses sociales en vez de limitarse obedientemente a expresar o reflejar pasivamente posiciones dadas de antemano, no da carta de naturaleza ni crea desde la nada estas posiciones por su propia omnipotencia discursiva.
Si, como ha escrito Santiago Alba, "en las palabras cabe mucha más gente que en una casa" es porque, como también ha dicho Iñigo Errejón, "el discurso no es un mero ropaje". En una situación de desahucio de nuestras condiciones antropológicas de existencia en la que, como hoy es ostensible, lo viejo, agonizante, no termina de morir y lo nuevo de nacer, también emergen comprensibles miedos o reacciones defensivas, tentaciones de cimentar el edificio mirando hacia abajo sin mirar hacia el horizonte cultural. Miedo a perder las viejas certidumbres políticas conocidas por lo bueno por conocer que se puede construir, traduciendo los gestos y reivindicaciones heredados a las nuevas exigencias; miedo ante el vértigo de estar en una formación política que se expone a los ojos del mundo por abrir una brecha desconocida cuando supuestamente "no había alternativas"; miedo a perder suelo y el reconocimiento de los tuyos por salir de las zonas de confort y buscar a los que faltan; miedo a escuchar el confuso lenguaje en el que habla culturalmente el presente cuando tu mirada está demasiado vuelta hacia atrás o demasiado adelante. Un lenguaje de época, en efecto, que solo es ruido o mera cáscara seca para quien aún piensa en que puede desnudar la realidad con una última verdad o cree demasiado en la autenticidad, pero que también es un filón para quien lo explora en su política cultural como terreno de lucha."
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2016.06.03 03:21 ShaunaDorothy Karl Marx tenía razón - Crisis económica capitalista: Los patrones obligan a los obreros a pagar (2 - 2) (Primavera de 2009)

https://archive.is/vQFPC
El fin de la hegemonía económica de EE.UU. posterior a la Segunda Guerra Mundial
Teniendo esto en mente, veamos esquemáticamente la historia de la economía capitalista estadounidense de la posguerra. Durante las dos primeras décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos dominó el mercado mundial de productos industriales. Constantemente obtenía grandes superávits en su balanza comercial con casi todos los demás países capitalistas. Sin embargo, hacia la mitad de los años sesenta, Alemania Occidental y Japón habían reconstruido y modernizado sus economías al punto de poder en realidad competir con Estados Unidos en los mercados mundiales y también en el mercado interno estadounidense. Así que el flujo de sus magnitudes comerciales fue revertido. Estados Unidos empezó a incurrir en grandes déficits en su balanza comercial.
En pocos años, este giro destruyó el sistema monetario internacional de posguerra que se había establecido en la conferencia de Bretton Woods, New Hampshire, en 1944. Se llamaba el patrón de cambio oro-dólar. Las divisas de los países capitalistas más importantes quedaron fijas frente a las demás por largos periodos y ancladas por el dólar. Washington prometió —y quiero enfatizar la palabra “prometió”— que los otros gobiernos podrían intercambiar libremente por oro todos los dólares que tuvieran a una tasa de 35 dólares la onza.
Para principios de los años setenta, eso ya no era objetivamente posible. El volumen de dólares que poseían los bancos centrales extranjeros superaba por mucho la reserva de oro de Estados Unidos a 35 dólares la onza. El gobierno fran- cés de Charles de Gaulle, que resentía el dominio internacional de Estados Unidos y aspiraba a restaurar la “grandeza” de Francia, empezó a cambiar por oro sus reservas de dólares. Así, en agosto de 1971, el presidente estadounidense Richard Nixon cerró la “ventana del oro”, lo que terminó con la convertibilidad del dólar a mercadería universal de valor intrínseco (de trabajo). Tras unas cuantas conferencias internacionales inútiles, lo que surgió fue un no-sistema de tasas de cambio fluctuantes. Desde entonces, las tasas de cambio de divisas han estado determinadas por las condiciones del mercado, modificadas por intervenciones gubernamentales de vez en cuando. La razón por la que estoy explicando esto es que el régimen de tasas de cambio fluctuantes tuvo dos consecuencias a largo plazo, que subyacen a la actual crisis financiera.
Una: creó un gran y nuevo elemento de incertidumbre, es decir, el riesgo de pérdidas, en todas las transacciones financieras internacionales, especialmente las de largo plazo. Así pues, las tasas de cambio de divisas se convirtieron en una importante esfera de especulación financiera. Gran parte del libro de Das sobre el comercio de derivados habla de protegerse contra los cambios en las tasas de cambio de divisas y de especular con ellos.
Dos: al cortar los lazos entre el dólar y el oro, el capitalismo estadounidense, tanto al nivel corporativo como al nivel gubernamental, logró aumentar masivamente su deuda externa, sin otro límite superior que la voluntad de los gobiernos e inversionistas extranjeros de comprar activos denominados en dólares. Ahora el dólar vale alrededor de 20 centavos en términos del dólar de 1971. En el Financial Times de Londres (24 de noviembre de 2008), Richard Duncan subrayó este aspecto de la actual crisis mundial:
“Cuando Richard Nixon destruyó el Sistema Monetario Mundial de Bretton Woods en 1971 cerrando la ‘ventana del oro’ en el Tesoro, cortó el último vínculo entre los dólares y el oro. Lo que siguió fue una proliferación en espiral de instrumentos de crédito cada vez más espurios denominados en una divisa depreciada. El ejemplo más flagrante y letal de esta locura ha sido el crecimiento del mercado de derivados no regulado, que se ha inflado hasta alcanzar los 600 billones de dólares, lo que equivale a casi 100 mil dólares por cada habitante de la Tierra.”
Aumentar la tasa de explotación
En 1974-75 hubo un declive económico mundial muy pronunciado e importante. Aunque no duró mucho, tuvo consecuencias importantes, sobre todo en Estados Unidos. Al salir del declive económico, la clase capitalista estadounidense hizo un esfuerzo concentrado para aumentar la tasa de explotación del proletariado, es decir, la proporción de plusvalía con respecto a salarios. Los capitalistas exigieron de la burocracia sindical contratos entreguistas y la imposición de salarios más bajos para nuevas contrataciones, y lo obtuvieron. Trasladaron la producción del noreste y el medio oeste sindicalizados al sur y suroeste que no están sindicalizados, así como a países donde los salarios son bajos en Latinoamérica y Asia.
Esta ofensiva antiobrera, que comenzó bajo el presidente demócrata de derecha Jimmy Carter, aumentó bajo el aun más derechista presidente republicano Ronald Reagan. El aplastamiento de la huelga de controladores aéreos de PATCO en 1981, y la subsiguiente reacción rompesindicatos durante huelgas como la de Greyhound, marcaron el inicio de esta ofensiva. En ese entonces, nosotros abordamos la necesidad de que el movimiento obrero combatiera la ofensiva capitalista, especialmente en el artículo “Para ganar, darle duro a la patronal” (Spartacist [Edición en español] No. 15, julio de 1984). Lo que decíamos en “Darle duro”, que los obreros no pueden jugar con las reglas de los patrones, conserva toda su validez para el movimiento obrero estadounidense de hoy.
Aquí quiero enfatizar un aspecto de la ofensiva antiobrera de principios y mediados de los años ochenta que no era obvio entonces. El ascenso del monetarismo y la “desregulación” financiera como doctrina y como política en los Estados Unidos de Reagan y también en la Gran Bretaña de Thatcher estuvo en parte basado en el debilitamiento del movimiento obrero y fue condicionado por éste. En la Gran Bretaña, el giro decisivo a la derecha en la relación de fuerzas de clase fue la derrota de la huelga minera de 1984-85. La reciente nota de la camarada McDonald sobre el impacto de la crisis económica en Gran Bretaña señalaba que en 1986 el gobierno de Thatcher “desreguló” la City de Londres. No fue accidental, como se dice, el que la especulación con capital financiero se desatara justo después de la derrota de la huelga minera.
En Estados Unidos durante los años ochenta, que los liberales llaman frecuentemente “la década de la codicia”, hubo una redistribución masiva del ingreso hacia arriba, combinada con un aumento masivo en la deuda externa de Estados Unidos. El gobierno de Reagan recortó los impuestos para los ricos mientras aumentaba enormemente el gasto militar en la creciente Segunda Guerra Fría contra la Unión Soviética. Para financiar los grandes déficits gubernamentales que resultaron, una gran porción de los bonos del Tesoro recién emitidos se vendió en el extranjero, especialmente a los japoneses. En el lapso de dos o tres años, Estados Unidos pasó de ser la nación más acreedora del mundo a ser la más endeudada.
La redistribución del ingreso hacia arriba y el creciente endeudamiento exterior de Estados Unidos estuvieron orgánicamente vinculados a la desindustrialización del país. Grandes extensiones del medio oeste llegaron a conocerse como el “cinturón del óxido”. A mediados de los años sesenta, la manufactura constituía el 27 por ciento del producto interno bruto estadounidense y empleaba al 24 por ciento de la mano de obra. Para principios de la década de 2000, el peso de la manufactura se había reducido al catorce por ciento de la producción total y empleaba sólo al once por ciento de la mano de obra total.
Básicamente, los salarios reales por hora para obreros de base llegaron a su punto más alto a principios de los años setenta. Durante la mayor parte de las últimas tres décadas y media, la compensación real por unidad de trabajo ha estado por debajo de ese nivel. Sólo ocasional y brevemente, por ejemplo en la fase final del auge económico de los años noventa, los pagos netos reales por hora se han acercado o han superado a los de principios de los setenta. En la medida en que las familias obreras han aumentado sus ingresos en las últimas décadas, ha sido debido a que ambos cónyuges tienen trabajos de tiempo completo, trabajan muchas horas extras o hasta en dos empleos, si es que hay tales empleos disponibles.
Sin embargo, para el principio de la década de 2000, estos medios generalizados de aumentar el ingreso familiar prácticamente se habían agotado. Al mismo tiempo, los trabajadores han enfrentado un agudo aumento en ciertos gastos básicos: la vivienda (tanto comprada como rentada), los servicios médicos y las colegiaturas universitarias para sus hijos. Así que han tenido que endeudarse más. En la víspera de la actual crisis, a principios de 2007, el promedio de endeudamiento familiar era 30 por ciento mayor que el ingreso anual disponible. Esto fue posible principalmente porque las familias adquirieron préstamos respaldados por sus viviendas “aprovechándose”, por decirlo así, de la entonces creciente burbuja en los precios de la vivienda.
El auge de los punto com y la burbuja inmobiliaria
Para entender la burbuja en los precios de la vivienda que hubo a principios y mediados de la década de 2000, hay que retroceder un poco para mirar el llamado auge de los punto com de mediados y finales de los años noventa. Éste fue un clásico ciclo de auge y caída como los que describió Marx en El capital. Una ráfaga de inversiones, principalmente en nueva tecnología —en este caso, la informática, los servicios de Internet y las telecomunicaciones—, aumenta lo que Marx llamó la composición orgánica del capital. Esto es el valor de los medios de producción (el tiempo de trabajo encarnado en ellos) necesario para emplear trabajo vivo. En la economía burguesa, se llama capital por trabajador. Un aumento en la composición orgánica del capital hace bajar la tasa de ganancia. Incluso si la productividad aumenta y los salarios no, el aumento de la ganancia por trabajador no compensa el incremento de capital por trabajador.
Esta dinámica pudo observarse claramente en el auge en los noventa del sector de telecomunicaciones, uno de los pilares de la “nueva economía” o “revolución TI (tecnología de la información)”. La recuperación de capital de las empresas de telecomunicaciones cayó continuamente del 12.5 por ciento en 1996 al 8.5 por ciento en 2000. En ese entonces, un analista de Wall Street, Blake Bath, describió a su modo la ley de la disminución de la tasa de ganancia aplicada a las telecomunicaciones. “Parece que el sector está muy sobrecapitalizado”, juzgó. “El gasto ha aumentado a niveles absurdamente rápidos con respecto a los ingresos y ganancias que ese gasto produce” (Business Week, 25 de septiembre de 2000). O, como lo puso Marx en el volumen III de El capital: “El verdadero límite de la producción capitalista lo es el propio capital [énfasis en el original].”
En 2000-01, el auge de los punto com se convirtió en caída, dando paso a una recesión. Buscando suavizar el impacto del declive económico, Alan Greenspan, director de la Reserva Federal (el banco central estadounidense), inundó con dinero los mercados financieros. Para 2003, la Fed recortó la tasa de interés sobre los préstamos a corto plazo de sus bancos miembros del 6.5 al uno por ciento, lo que en ese momento fue el interés más bajo en medio siglo. Durante la mayor parte de este periodo, la llamada tasa de fondos federales estuvo por debajo de la tasa de inflación. En los hechos, el gobierno estaba regalando dinero a los financieros de Wall Street. A finales de 2004, el Economist de Londres advirtió que “la política de dinero fácil” de Estados Unidos “ha desbordado sus fronteras” y “ha inundado los precios de las acciones y las casas en todo el mundo, inflando una serie de burbujas de precios sobre activos.”
En el centro de la actual crisis hay un tipo de instrumento financiero conocido como derivado. Los tradicionales títulos financieros primarios —bonos y acciones corporativos— representan en el sentido legal y formal la propiedad sobre bienes, es decir, bienes y servicios que encarnan valor de uso así como valor de cambio como productos del trabajo. Los derivados se basan en los títulos primarios o están conectados a ellos de alguna forma. Un tipo importante y típico son las coberturas por riesgos crediticios. Formalmente, y quiero enfatizar la palabra formalmente, es una especie de póliza de seguro contra la insolvencia de los bonos corporativos. Sin embargo, uno puede comprar un canje financiero contra el impago del crédito sin tener los bonos corporativos. En ese caso es una forma de especular con que la corporación se vuelva insolvente. Imaginen que 20 personas están aseguradas contra el incendio de un mismo edificio, 19 de las cuales no son dueñas del edificio. Bueno, bienvenidos al mundo de los derivados. Además, se puede especular con el cambio en el precio de una cobertura de riesgo crediticio mediante lo que se conoce como opciones put y call.
El punto básico es que se han acumulado derivados sobre derivados sobre otros derivados. Para cuantificar: en 2005, si se sumaba todo el valor nominal en el mercado de todos los derivados del mundo, el resultado era tres veces mayor que el de los títulos primarios en los que supuestamente se basan. Para entender la extrema gravedad de la actual crisis financiera, hay que reconocer la inmensa magnitud de lo que Marx llamó “capital ficticio” que se ha generado en las últimas décadas. A principios de los años ochenta, si se sumaba el valor nominal en el mercado de todos los bonos y acciones corporativos y también de los bonos gubernamentales por todo el mundo, el resultado se aproximaba a la producción anual de bienes y servicios, lo que los economistas burgueses llaman el producto interno bruto global. En 2005, el Fondo Monetario Internacional calculó que si se hacía esa misma operación, el valor de sólo los títulos primarios era casi cuatro veces mayor que el producto interno bruto global. Y si se añaden los derivados, la cantidad de riesgo en el sistema financiero se ha multiplicado muchas veces.
Charles R. Morris, un periodista financiero de mentalidad crítica, describió cómo se tramó este Everest de “riqueza” espuria de papel:
“¿Cómo pudo llegar tan alto el apalancamiento? En la clase de instrumentos de los que hemos estado hablando, hay relativamente pocos ‘nombres’ o empresas subyacentes, cuyas acciones son ampliamente intercambiadas, unos cuantos cientos cuando mucho. Y un número relativamente pequeño de instituciones, especialmente los bancos globales, los bancos de inversión y los fondos crediticios sin regulación, realizan la mayor parte de este intercambio. De hecho, han construido una inestable torre de naipes de deudas vendiéndoselas y comprándoselas entre ellos, registrando ganancias en cada operación. Ésta es la definición de un esquema piramidal. En la medida en que el régimen de dinero gratuito previno la insolvencia, la torre podía tambalearse, pero seguía en pie. Pero pequeñas alteraciones en cualquier parte de la estructura pueden derribar toda la torre, y los movimientos sísmicos que ya se sienten prometen alteraciones muy grandes.” [énfasis en el original]
—The Trillion Dollar Meltdown: Easy Money, High Rollers, and the Great Credit Crash [El desplome del billón de dólares: dinero fácil, apostadores fuertes y el gran crac crediticio] (2008)
Conforme colapsa la torre de deudas, presiona implacablemente a la baja los precios de todos los activos financieros que no sean títulos gubernamentales del Primer Mundo. Y pronto puede sucederle también a éstos.
Impacto en Europa Occidental y Japón
La crisis financiera ha exacerbado enormemente las tensiones y conflictos de interés interimperialistas en lo que cada vez se conoce más como la des-Unión Europea. Los diversos esquemas de rescate nacionales han intensificado la competencia financiera al interior de la UE. El capital monetario especulativo de corto plazo entra a aquellos países —como Irlanda, inicialmente— en los que la política gubernamental hace parecer más seguros a los bancos y otras instituciones financieras. Y luego vuelve a salir cuando otros gobiernos ofrecen otros paquetes de rescate aparentemente más generosos.
También hemos visto una ruptura creciente entre los dos países centrales de la UE y la zona del euro: Alemania y Francia. El vanagloriado presidente francés, Nicolas Sarkozy, que por casualidad también ocupó la “presidencia” rotativa de la UE durante la segunda mitad de 2008, se presenta a sí mismo como el salvador del capitalismo mundial. Ha impulsado varios ambiciosos esquemas regulatorios financieros y de “estímulo” económico tanto en la UE como internacionalmente. No hace falta decir que las poses de Sarkozy no le han ganado amigos entre los gobernantes de los estados imperialistas fuera de Francia.
En particular, la clase dominante alemana, representada por el gobierno de coalición de demócratas cristianos y socialdemócratas, ha rechazado groseramente los diversos esquemas del francés. Nada de geld alemán, declaman, va a gastarse para costear el libertinaje y las flaquezas económicas de sus “socios” europeos. Más en general, quienes mandan en Berlín han insistido que le corresponde a otros países —léase Estados Unidos— arreglar sus propias economías de un modo que ayude también a Alemania. En palabras del ministro de economía alemán Michael Glos: “Sólo podemos confiar en que las medidas que adopten los otros países…ayuden a nuestra economía de exportaciones” (Financial Times, 1º de diciembre de 2008). ¡Siga soñando, Herr Minister!
Japón, que desempeña un papel muy importante en la economía mundial, no ha recibido suficiente atención de la prensa financiera estadounidense. Japón es la segunda economía más grande del mundo. Y, de manera más importante, el mayor acreedor del mundo. Aunque China lo ha superado recientemente como el mayor propietario de títulos del gobierno estadounidense, Japón es un acreedor mucho mayor de las corporaciones privadas de todo el mundo.
En 1989-90, estalló una burbuja de bienes raíces y valores bursátiles en Japón, lo que dio paso a una década de estancamiento, que más tarde llegó a ser conocida como “la década perdida”. Las autoridades monetarias forzaron la baja en las tasas de interés a prácticamente cero para estimular la inversión. Lo que pasó fue que esta medida funcionó, pero no en la forma que las autoridades del gobierno pretendían. El enorme exceso de capacidad industrial y de “préstamos bancarios morosos” desalentaron las inversiones adicionales en el mismo Japón. Así que los financieros japoneses y los inversionistas de todo el mundo pidieron préstamos baratos en Japón para luego invertir en otros países donde por algún motivo u otro la tasa de rendimiento era mayor. En la prensa financiera esto se conoció como el “carry trade de yenes”.
Ahora, esta práctica ha sido obligada duramente a invertir su marcha. Es decir, los inversionistas están vendiendo sus activos en todo el mundo, a precios cada vez más bajos, para pagar las deudas que contrajeron con los bancos y otras instituciones de Japón. Pero esto se ha convertido en un proceso contraproducente, pues, conforme este dinero entra a Japón, hace que el valor del yen aumente respecto a las divisas de casi todos los demás países en los que los deudores habían invertido. Así que eso aumenta el peso de su enorme deuda y de los futuros pagos. Imaginen que están vaciando una gran tina de agua, y que por cada cubeta que sacan, una cubeta y media entra por un conducto subterráneo. Bueno, ésa es la situación que enfrentan los inversionistas extranjeros y japoneses que por más de una década aprovecharon el “carry trade de yenes”.
Al mismo tiempo, el aumento en el precio del yen está haciendo que aumente el valor de los bienes japoneses en los mercados mundiales en un momento en el que la demanda global disminuye rápidamente. El núcleo del capitalismo industrial japonés está recibiendo un fuerte golpe. Por primera vez en siete décadas, Toyota espera tener pérdidas este año fiscal en sus negocios de autos y camiones. Sony ha anunciado que despedirá a cinco por ciento de la fuerza de trabajo de su división de electrónica y que cerrará hasta seis fábricas alrededor del mundo.
La crisis global sacude la economía “socialista de mercado” de China
Así que, ¿qué hay de China —que entendemos no es capitalista, sino un estado obrero burocráticamente deformado—? Durante la crisis financiera del Asia Oriental de 1997-98, China logró evitar el impacto de la crisis al expandir sustancialmente la inversión en construcción e infraestructura industriales. Y el régimen estalinista de Beijing está tratando de repetir esas medidas ahora. A principios de noviembre anunció un gran paquete de estímulo (equivalente a 585 mil millones de dólares) que se enfoca en expandir la infraestructura: vías férreas, carreteras, aeropuertos, puertos y cosas así. Posteriormente, sin embargo, ha resultado que la cantidad es mucho menor que la que se había indicado originalmente. Sólo una cuarta parte de los fondos vendrán del gobierno central; las otras tres cuartas partes deberán salir de organismos gubernamentales locales y bancos estatales. Pero los recursos financieros de estas instituciones son mucho más limitados. Stephen Green, un economista del Standard Chartered Bank de Shanghai, comentó al respecto: “Con la caída de las rentas públicas, es difícil imaginar cómo podrían los gobiernos, bancos y empresas locales compensar el resto de los Rmb 4 billones” (Financial Times, 15-16 de noviembre de 2008).
El camarada Markin y yo hemos estado discutiendo sobre el impacto que tendrá la crisis mundial en China. Y los dos coincidimos en que, esta vez, a diferencia de lo que ocurrió a finales de los noventa, la economía china no va a salir básicamente ilesa. Para empezar, éste no es un declive económico regional sino global. Y está centrado en Estados Unidos y Europa Occidental. Todo indica que va a ser muy grave y bastante prolongado. Una de sus consecuencias es que incrementa el proteccionismo antichino en Estados Unidos y Europa Occidental.
Vamos a ver, y ya estamos viendo, el lado malo y la inflexibilidad de lo que los estalinistas chinos llaman la economía “socialista de mercado”. En China hay decenas de miles de fábricas que emplean a decenas de millones de trabajadores y que pertenecen a empresarios nacionales, capitalistas chinos de ultramar de Hong Kong y Taiwán y corporaciones extranjeras que producen bienes específicamente destinados a los países capitalistas avanzados, bienes como juguetes, reproductores de CDs y sistemas de posicionamiento global para autos. Estas fábricas no pueden virar fácil y rápidamente su producción a, digamos, electrodomésticos para los obreros y campesinos chinos. Y eso sería así incluso si el Ejército de Liberación Popular volara helicópteros sobre los barrios obreros y las aldeas campesinas arrojando paquetes de dinero a los habitantes.
Además, el régimen de Beijing ha alentado su propia versión de la burbuja de precios de la vivienda y un auge en la construcción residencial. La numerosa y cada vez más pudiente pequeña burguesía urbana china —los yuppies chinos— pidieron préstamos para comprar, construir y expandir casas, no sólo para vivir en ellas, sino como inversión financiera. Esperaban que sus precios en el mercado continuaran subiendo en espiral. Bueno, pues la burbuja de la vivienda ya reventó. En un vecindario acomodado de Beijing, el precio de compra de departamentos nuevos cayó en un 40 por ciento entre febrero y octubre del año pasado. El Economist de Londres (25 de octubre de 2008) comentó: “El mercado de la vivienda produce desagradables sorpresas a las nuevas clases medias de China.” Desde luego, nosotros no estamos tan preocupados por las desventuras de los yuppies chinos. Sin embargo, nos preocupa mucho el efecto que el colapso de la burbuja de los precios de vivienda tenga en nuestra clase: el proletariado. Este colapso tuvo el efecto de deprimir la industria de la construcción residencial, mucha de cuya mano de obra consiste en obreros hombres emigrados del campo.
Lo que resulta de todo esto es que China, a diferencia de casi todos los países capitalistas, no va a entrar en una recesión; pero es probable que sí experimente un declive agudo en su tasa de crecimiento, que en el último par de décadas ha promediado cerca de un diez por ciento. Correspondientemente, habrá un gran aumento en el número de desempleados urbanos, tanto obreros que sean despedidos del sector privado como campesinos que lleguen a las ciudades en busca de empleos sin poder encontrarlos. Según las cifras oficiales, para el final de noviembre, 10 millones de trabajadores migratorios perdieron sus empleos en la China urbana. Y esta angustia económica va a producir un aumento en el descontento social. Ya ha habido protestas furiosas de los obreros fabriles despedidos en el delta del Río Perla, la principal región china de manufactura ligera para los mercados del Primer Mundo. Lo que no sabemos ni podemos saber es si el aumento del descontento obrero desestabilizará la situación política. Eso está más allá del alcance de nuestro conocimiento actual.
La resurrección del keynesianismo
¿Qué es más probable que ocurra? Todo indica que éste será un declive económico mundial excepcionalmente grave y prolongado, especialmente duro en Estados Unidos y Gran Bretaña. Al nivel ideológico y, en menor medida, al nivel de las políticas de gobierno, vamos a ver, y ya estamos viéndolo, un giro de derecha a izquierda en el espectro político burgués: políticas fiscales basadas en el aumento del gasto deficitario, nacionalización parcial de los bancos y otras instituciones financieras, intentos de expandir y apretar la regulación de las transacciones financieras y cosas así.
El camarada Robertson y otros han observado que el monetarismo como doctrina quedó completamente desacreditado y que el keynesianismo está otra vez de moda. He encontrado más referencias positivas a John Maynard Keynes en la prensa financiera de lengua inglesa en las últimas seis semanas que en los últimos diez años. La camarada Blythe señaló que hay un mito liberal muy enraizado en Estados Unidos de que fue el New Deal de Franklin Roosevelt, basado en las doctrinas de Keynes, lo que sacó a Estados Unidos de la Gran Depresión de los años treinta. No, lo que sacó a Estados Unidos de la Depresión fue la expansión de las “obras públicas” durante la Segunda Guerra Mundial, y por “obras públicas” quiero decir tanques, bombarderos, portaaviones y la bomba atómica.
Ya hemos escrito sobre el keynesianismo en el pasado, desgraciadamente, en un pasado demasiado distante en términos de la historia de nuestra tendencia. Les recomiendo en particular tres textos. A principios de los años sesenta, Shane Mage, uno de los fundadores de nuestra tendencia, escribió una tesis doctoral, “La ‘ley de la tendencia decreciente en la tasa de ganancia’: Su lugar en el sistema teórico marxista y relevancia para la economía estadounidense” (Universidad de Columbia, 1963). Por cierto, su asesor de tesis fue Alexander Ehrlich, el autor de The Soviet Industrialization Debate 1924-1928 [El debate sobre la industrialización soviética, 1924-1928]. La obra de Mage contiene una sección en la que explica la diferencia entre el entendimiento de Marx y el de Keynes sobre cuál es la causa básica de los declives económicos. En el declive económico mundial de 1974-75, yo escribí un artículo llamado “Marx vs. Keynes” (WV No. 64, 14 de marzo de 1975, reimpreso en WV No. 932, 13 de marzo de 2009), que era en parte teórico y en parte empírico. Y en 1997-98, WV publicó una serie bajo el encabezado general “Wall Street y la guerra contra la clase obrera”. La tercera parte, “El New Deal de los años treinta y el reformismo sindical” (WV No. 679, 28 de noviembre de 1997), contiene un análisis de Keynes a nivel teórico y un análisis empírico de Estados Unidos durante los años treinta, las medidas reales del New Deal y los acontecimientos económicos de la Segunda Guerra Mundial.
Quiero concluir con un par de puntos en los que la situación actual difiere de la de los años treinta. Como ya he indicado, la situación actual es muy diferente en tanto que la enorme cantidad de deudas contractuales nominales y legales que no pueden pagarse supera por mucho, por grandes múltiplos, los recursos financieros de los gobiernos capitalistas. En Gran Bretaña y en Italia ya están teniendo dificultades para financiar los crecientes déficits presupuestales que resultaron de los diversos esquemas de rescate. El Financial Times (1º de diciembre de 2008) cita a Roger Brown, un analista financiero del banco suizo UBS, que señaló:
“Los gobiernos ya están teniendo problemas, lo que no presagia nada bueno viniendo poco después de la recapitalización [de los bancos] y del anuncio de que se necesitan más fondos adicionales.
“Debemos preguntarnos si habrá suficientes inversionistas para comprar los bonos, o al menos si esto no impulsará los rendimientos muy arriba para atraerlos.”
Así que todos estos esquemas de rescate pueden compensar cuando mucho una pequeña fracción de las pérdidas.
Lo segundo es que Estados Unidos está entrando en este profundo declive con una enorme deuda preexistente, que en gran parte pertenece a gobiernos e inversionistas del este asiático. Y esto pone un límite superior bastante estrecho a los gastos deficitarios adicionales. En su primer pronunciamiento después de las elecciones, Barack Obama trató de disminuir, no de alentar, las expectativas de que Estados Unidos volverá pronto a la “prosperidad”: “Lo he dicho antes y lo repito ahora: no va a ser rápido ni va a ser fácil para nosotros salir del agujero en el que estamos.” Así habló el nuevo jefe del ejecutivo del país capitalista más poderoso del mundo.
Así que ¿cuál es la solución? Es, como sabemos, una simple y radical. La clase obrera debe adueñarse de los recursos productivos de la sociedad —las fábricas, los sistemas de transporte, los sistemas de generación de energía eléctrica— de los capitalistas y, mediante el establecimiento de una economía planificada, usar estos recursos en el interés de la clase obrera y de la sociedad en su conjunto. Pero, para hacer eso, hace falta un partido político que represente los intereses de la clase obrera contra los de la clase capitalista. En Estados Unidos, un partido como ése también defendería los derechos e intereses de las minorías oprimidas negra y latina, lucharía por los derechos de los inmigrantes y todos los demás sectores oprimidos de la sociedad. Para construir un partido así, los obreros deben romper, en particular, con el Partido Demócrata, es decir, el más liberal, o el que suena más liberal, de los partidos del capitalismo esta- dounidense. También es necesario deshacerse de la burocracia sindical procapitalista existente y remplazarla con una dirigencia que luche por los intereses de los obreros y, otra vez, de todos los oprimidos. Y sólo cuando eso haya ocurrido será posible llevar a cabo un principio básico, a saber, que quienes trabajan deben gobernar.■
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/31/crisis.html
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2015.07.15 21:21 Ahoraencomunista Materiales. PROGRAMA.

Hola,
Pues dejo aquí un trabajo/propuesta de "Programa" que hice cuando estuve de militante/activista en una organización de esas dejadas de la mano de dios. En esa organización al final no se usó este texto, más que nada porque cuando lo hice ya había un programa medio hecho en forma de decálogo con diez puntos muy resumidos y "aglutinadores de la mayoría social" que dicen. Lo hice como una propuesta de programa alternativa para debate, pero ese debate no llegó a realizarse. Igual ahora puede servir de algo, y mejor que ahí en una carpeta del disco duro aburrido, seguro. Digo yo que para una propuesta de confluencia, o de unidad popular, o lo que sea que deba ser, pues hace falta un programa o algo que se le parezca.
El "programa" viene con un poco de "contexto", y algunos comentarios, como se verá.
Otro apunte: Evidentemente, este programa no estuvo hecho con una perspectiva de confluencia en el ámbito electoral, pero bueno, no sé ahora mismo como afecta ello al texto. Un programa de confluencia evidentemente es una cosa específica, aquello básico en lo que todas las organizaciones que quieran confluir se han de identificar (sabiendo que no podemos todos estar de acuerdo en todo, y en algunos puntos habrá que asumir algunas cosas que no nos gusten, o aplazar dicho debate en lo que no nos ponemos de acuerdo para cuando sea buen momento para ello y que dicho aplazamiento nos permita avanzar). Pero esta "propuesta de programa", más que un programa que propone, es como una estructura de programa, es decir, aquello aspectos que hay que abordar sí o sí (en mi opinión) al margen de la decisión concreta que se adopte.
Por lo demás, es un texto que hice por allá finales de 2012, y claro, algunas cosas han cambiado. Por ejemplo, una que es fundamental: hoy sabemos ya sin espacio para la duda que España no tiene un Banco Central, con todo lo que ello implica. El BCE ya hemos visto lo que ha hecho con Grecia. Una política económica con un mínimo de pretensión de seriedad ha de abordar el tema y problema del Euro, UE, y BCE. El texto de propuesta de programa en cuestión es el siguiente:
PROPUESTA DE PROGRAMA (para debate)
La siguiente propuesta de "Estructura del Programa" la he pensado a partir de una de las contradicciones esenciales de nuestro tiempo, tal y como muy "gráficamente" lo expuso un día El Roto:
Hay que producir más para evitar la crísis económica y el paro; y hay que producir menos para evitar el deterioro del medio ambiente
Así que de acuerdo con esta idea inicial, son tres patas las que deben inspirar ese programa: por un lado, las dos referidas en la cita anterior: evitar /superar la crisis económica y social y evitar el deterioro del medio ambiente; y por el otro, el "proceso" en el cual se ha de dar solución a esas dos: la democratización social real, extensiva e intensiva, de dar voz a aquellos que no la tienen (o si la tienen, es con cuenta gotas) como marco para dar respuesta a las dos anteriores, en un doble sentido: el de dar respuesta a ese doble desafío de equilibrar economía y medio ambiente, y el de ser un proceso de efectiva distribución del poder entre las personas, pues eso es la democracia, efectiva distribución del poder visto como un proceso, y no simplemente un conjunto de procedimientos para la adopción de decisiones "legítimas", como ha sido hasta ahora y con tan malos resultados, como podemos ver. Los "procedimientos democráticos" han de ser vistos siempre como necesarios, pero nunca suficientes por si solos. Sin perjuicio de aquello de "la duda acerca de la ley" como semilla de la democracia, aquella parte de la democracia ateniense que las democracias representativas modernas dejaron de lado, muy interesadamente. Pues no olvidemos que las "formas de estado" y las formas juridico-poliítica de la modernidad fueron diseñadas para dar satisfacción a un modelo social basado en la obtención de ganancia mediante la producción para un "mercado" de bienes y de trabajo, y donde las personas no son consideradas fines en si mismas, sino medios. No en vano, los "ciudadanos" le importan al sistema, sobretodo, en cuanto "ciudadano como propietario". Evidentemente, la personas han conquistado derechos en este marco, pero precisamente por ser este el marco en que se han conquistado, dichos derechos se encuentrar precariamente garantizados, como lamentablemente podemos ver hoy en día. Digo esto simplemente para destacar lo que llamaríamos "los límites democratización capitalista", no como un alegato anticapitalista o contra la "economía de mercado", que no es este el lugar para tratar. Y lo digo para destacar que si queremos hacer nuestro aquello de "Democracia real ya", esos límites están ahí y todo depende de hasta donde queramos/podamos llegar:
*(…) La socialización capitalista, la puesta en cooperación objetiva de las personas que suscita este modo económico de producción, cuya eficacia en abstracto es indiscutible, tiene pues el límite de no disponer de mecanismos que hagan de las personas “fines en sí mismas y entre sí mismas”, que sean “inviolables” por el proceso de socialización de la producción.
Consecuencia: para una socialización postcapitalista, en la que esto no ocurra, es necesario “diferenciar” los mecanismos “contables” de la racionalidad o eficacia de la cooperación productiva –proyectos y planes públicos, mercados de ajuste, etc.- de los mecanismos de decisión acerca de la producción y de distribución del producto (material y espiritual) sin los cuales una persona no puede ser considerada un fin en sí misma. En el capitalismo los mecanismos y sujetos sociales que controlan la eficacia económica son los mismos que deciden la producción y asignan la distribución. Diferenciar ambas cuestiones es tarea de formas de organización social efectivamente emancipatorias. (…)“Los Ciudadanos Siervos”, de J-R. Capella, 2006.*
Por otro lado, entiendo que hoy en día la problemática en cuanto al modelo de sociedad viene condicionada como nunca antes por el peso del aspecto medioambiental, y soy consciente que tiene un "coste económico" importante (especialmente en el corto plazo, aunque sin lugar a dudas con un evidente "beneficio" a largo plazo), por lo que entiendo que en estos momentos de drama social brutal es una aspecto que se puede, no aplazar, pero sí quizás dejarlo en un segundo plano en relación a lo inmediato, que es lo económico y social. Pero creo que tiene que ser una de las tres patas de la propuesta programática, sino en cuanto a las medidas económicas concretas que se adopten en un primer paso, sí como mínimo en cuanto al contendio ideológico de la propuesta programática. Y sin que "dejarlo en un segundo plano" signifique que se convierta en un piadoso deseo y de bunas intenciones.
Bueno, sin más, dejo un pequeño diseño de mi idea, y como decía, empezando por esas tres patas, pondiendo unos ejemplos dentro de cada apartado a título simplemente de ejemplo y explicación del mismo, sin ninguna pretensión de concretar o ser exhaustivo):
1-Aspectos económicos y sociales. Aquí cabría luego añadir los diferente apartados o subcategorías, p. ej:, y pongo dos formas alternativas de considerarlo:
A.1- Lo relativo a las medidas de política económica "macroeconómicas" o de "articulación" con el capitalismo global (y especial consideración del papel del Euro y de la relación España-UE, tanto desde un punto de vista jurídico-político como económico, tan íntimamente ligados en el marco de la UE, como el tema de la deuda, etc.)
A.2- Aspectos de política económica a nivel nacional (sin perjuicio que cada Frente cívico a nivel autonómico, o incluso provincial, añadiera las consideraciones en relación a su territorio y especificidad.)
B.1- Aspectos relativos de gasto social o "salarios indirectos", o derechos sociales. En suma: gastos (pensiones, el tema de la renta básica por ejemplo iría aquí, y demas prestaciones sociales: educación, sanidad, etc.)
B.2- Muy relacionado con el anterior, apartado ingresos, o según se mire, los "deberes sociales" como la otra cara de los "derechos sociales" (progresividad fiscal, lucha contra el fraude fiscal y la evasión de impuestos, etc.)
2-Aspectos de profundización (o mejor dicho, inicio por primera vez en este país) en la democratización, en el sentido de efectiva distrubución del poder visto como un proceso. Aquí cabrían diferentes apartados: por ej., lo que es la participación democrática propiamente dicha; o la reforma de algunas instituciones donde reside formalmente el poder político para que se adapte a esa participación democrática y democratizadora. Con especial consideración a la pérdida de soberanía a favor de instancias supranacionales y el llamado "secuestro de la normatividad", es decir, entendida la capacidad normativa como la capacidad para determinar los principios orientadores, los criterios e incluso los contenidos concretos de las normas jurídicas que han de regular la sociedad. En suma, los mecanismos para "blindarnos" a la "lógica del sistema neoliberal" y no permitir que el estado y sus diferentes administraciones sean tan permeables a la influencia del poder económico, tanto local como global. O profundización democrática en lo que son las relaciones económicas, aspecto imprescindible también para una verdadera democratización, como por ejemplo el potenciar las cooperativas.
3-Protección del medioambiente. Como decía, igual no es un compontente en el cual muchas de las medidas concretas que se decidan encuentren su razón de ser, pero sí que a medio-largo plazo es necesario abordar, y como tal tiene que estar como prioritario en la propuesta programática y su contenido ideológico según lo veo yo.
Los temas medioambientales introducen una novedad en la reflexión sobre la democracia: no podemos, ni tan siquiera democráticamente, decidir no proteger el medio ambiente. Uno de los requisitos para que una decisión pueda calificarse de democrática es que la misma sea reversible. Destrozar el medio ambiente y comprometer a las generaciones futuras no es reversible, así que la protección del medio ambiente deviene en una cuestión de "sí o sí".
[Evidentemente muchos aspectos concretos participarán de más de un apartado. Luego cabría ir añadiendo otras categorías que no considero menos importantes, pero que ya no son de ese núcleo, y que en cierto sentido, irían en cada uno de esos tres apartados, el que corresponda. Pero entiendo que por su importancia deberían tener un apartado y tratamiento propio:]
4- Superación del aspecto patriarcal de la división del trabajo. Creo que no hace falta especificar a que se refiere este apartado, y es este un punto que marca una de las dos coordenadas por donde se mueve y articula la división del trabajo en nuestras sociedades: el aspecto clasista de la división del trabajo (y el usualmente contemplado) y el aspecto patriarcal de la división del trabajo (y que es evidente que "históricamente" no ha tenido la suficiente antención que merece). Este punto del patriarcalismo, como la crisis ecológica, según se mire igual deberían ser el punto 1.
5- Papel "cultural" o "educador" del Estado (o más que del Estado, de "lo público"). Por ejemplo, educación para la participación democrática; o promover y fomentar "otra forma de vivir" y no sólo una mejora en los ingresos o la renta personal (por ej., superación del consumismo y apostar por una austeridad bien entendida -"vivir mejor con menos" (pero con las necesidades básicas de todos "bien satisfechas", evidentemente. Esto podría enlazar con otra tarea que un proyecto de cambio entiendo debe abordar: La concreción y definición de que son "necesidades básicas" hoy en día, puesto en relación con las posibilidades que el medio ambiente es capaz de satisfacer), o fomentar principios como "no se debe hacer todo lo que se puede hacer" -por ej, en el uso de energía nuclear-, etc...).
6- Papel de España en el marco global y en relación a otros Estados, lo que llamaríamos la "política internacional": Es evidente que la mejora en las condiciones de vida de otros países afecta a las condiciones de vida del nuestro: Una mejora en los salarios en los países de la "periferia" del sistema puede frenar la deslocalización de empresas españolas o desmotivar la presión sobre los salarios en nuestro país, por poner un ejemplo. Apostar por un internacionalismo pacifista que no diferencie a los países entre "países amigos" y "países enemigos".

7- Tratamiento (o "nuevo tratamiento") del mundo del trabajo. Aquí entrarían temas como la reforma laboral, temas de prestación por desempelo; formas de absorber, mitigar o recolocar el creciente paro estructural que el presente sistema productivo genera, etc.

(Como decía, los apartados 1 a 3 son los que considero el "núcleo". Los siguientes apartados se refieren a temas más específicos, y por lo tanto, cabría añadir algunos más, por ejemplo la "política educativa" en relación a la educación primaria, secundaria y universitaria (es decir, diferente a ese del "5- papel educador del Estado" para "otra forma de vivir y consumir"), y los que se consideren básicos y que como decía, se considere que requieren un apartado propio, por ejemplo, el tema de la deuda pública y la auditoria de la misma.
Como se ve, uno puede coger el decálogo e ir poniendo cada una de las diez propuestas en su corresponidente apartado de los que indico más arriba, sobretodo en los tres del núcleo. Al final, casi me sale un propio "decálogo" de apartados.
Finalmente, como forma de estructurar el programa, cabría añadir un último apartado con una característica particuar: Un apartado donde ir poniendo aquellos puntos que afecten a "temas urgentes" (por decirlo así), como por ejemplo el tema de los desahucios o cualquier otro que requiera de un tratamiento urgente y especial.
Evidentemente, yo creo que el programa tendrá un contenido muy concreto en algunos puntos, no tanto en otros. Me ha venido a la cabeza la idea de realizar dos programas paralelos: como no hay duda que algunos puntos requerirán un desarrollo detallado, pero entendiendo que el programa mismo ha de ser un elemento aglutinador de esa mayoría social, por lo que se requiere cierta brevedad y sencillez en su exposición, he pensado en la idea de realizar dos programas paralelos: uno detallado y donde cosifique ese trabajo de elavoración colectiva donde deberán considerarse muchos aspectos de la realidad social y proponerse muchas medidas concretas, con números, estudios financieros y fiscales complejos, etc...; y por otro lado un programa paralelo, que recoga y resuma, con esa idea aglutinadora de la mayoría social en mente, ese programa concreto y más complejo y detallado. O almenos, sino dos programas paralelos, una idea que vaya en esa dirección: Un programa de trabajo para la elavoración colectiva sin estar limitado en que el mismo sea sencillo, facilmente entendible y aglutinador, y otra vertiente a efectos de dar conocimiento y aglutinar con ese programa mediante una exposición sencilla o resumida del mismo.
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2011.06.09 16:15 popocatepetl No es la primera vez que intentan la artimaña política usando a Biján en Beverly Hills (Peña Nieto). En el 2007 le tocó, nada más y nada menos que, a Andrés Manuel López Obrador...

Uno de los comentarios de Youtube del video de Bijan/Peña Nieto me llamó la atención:
Otro de los clientes distinguidos de esta tienda es Andres Manuel Lopez Obrador. Escriban en el buscador del periódico Reforma la palabra "Bijan" el tercer match es la columna "nombres, nombres y nombres" del 23 de marzo del 2007" dónde Alberto Aguilar escribe que en el catalogo de clientes distinguidos de Bijan en el 2006 Lopez Obrador aparece cómo uno de los clientes distinguidos de la tienda.
ttaracena 6 hours ago
¡Oh sorpresa la mía!
"¡VIVA LA DEMOCRACIA y la retórica de los políticos! Y esto a resultas de los lujos del defensor de los pobres de México, en este caso el desacreditado perredista Andrés Manuel López Obrador. Sucede que en el catálogo de año nuevo del famoso diseñador "bijan" que despacha nada menos y nada más que en Rodeo Drive en Beverly Hills, aparece incluido entre los clientes distinguidos. Comparte créditos con Tom Cruise, Anthony Hopkins, Andy García, Elton John, George Lucas, Harrison Ford, Tony Blair, George Bush, Bill Clinton, Ted Turner y empresarios mexicanos como Carlos Slim Helú, Carlos y Jorge Hank Rhon, Roberto González Barrera, Emilio Azcárraga, Miguel Alemán, por citar algunos. Como ve el de los zapatos "Flexi" y su Nissan también disfruta de lo bueno, con el debido respeto de los pobres."
Nombres, Nombres y... Nombres / Impacto Mexicana - ASSA en venta Aeroméxico, Conesa laboral y Nehme, Saba, Hank y Romo siguen
Alberto Aguilar
23/03/2007
AYER LE ADELANTABA de la fecha límite que Javier Lozano, titular de Trabajo, estableció para las negociaciones que bajo su intermediación se dan entre Mexicana de Emilio Romano y ASSA comandada por Francisco Villarreal.
Estas se han dado en el contexto del procedimiento que la aerolínea inició en la JFCA que lleva Miguel Ángel Gutiérrez, ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo con los sobrecargos.
Este miércoles se desahogó otra audiencia en la que fueron convocados ASPA de Dennis Lazarus y el SNTAS de Miguel Ángel Yudico, quien a través de un escrito argumentó de manera enfática a favor de la empresa.
La siguiente cita será el miércoles 28 y se espera que para entonces se logre un arreglo.
Aunque no lo crea, esta negociación podría determinar también el derrotero de la próxima oferta de Aeroméxico. Un fracaso en las negociaciones abrirá un antecedente nada favorable en lo que hace a los desafíos laborales que hay en el escenario.
De por sí la venta de Aeroméxico no se ve fácil. Hoy su valor de capitalización conforme a su cotización en bolsa es de 230 millones de dólares, cifra muy por encima de los 155 millones de dólares que costó Mexicana, incluyendo el reembolso de 11 millones de dólares que recibieron los accionistas encabezados por Gastón Azcárraga.
Además los números del 2006 tampoco fueron los mejores. Sus ventas apenas crecieron 0.3 por ciento y el número de pasajeros 1.4 por ciento.
Por la competencia de las líneas de bajo costo que ya tienen un 20 por ciento de participación, las tarifas cayeron 5 por ciento, y su factor de ocupación pasó de 67 a 65.2 por ciento.
También su caja se ha debilitado y su pasivo creció a casi 11 mil millones de pesos, 40 por ciento más por la modernización de la flota.
Aeroméxico terminó el año con pérdidas operativas y netas por 698 y 511.7 millones de pesos respectivamente. Además el arranque del año no ha sido sencillo para la aviación.
Particularmente esta aerolínea tendría una posición más vulnerable que Mexicana, dado que 70 por ciento de sus ingresos dependen de lo doméstico.
Por otro lado, parece que la apuesta por nuevas rutas como Buenos Aires y Tokio no han terminado de cuajar.
Para antes de que concluya el primer semestre, la intención es ofertar en bolsa el 63 por ciento que tienen el IPAB, SHCP, Nafin y Banamex.
Para entonces, Andrés Conesa deberá haber concluido una negociación con ASPA, ASSA e Independencia a cargo de Tomás del Toro.
Aunque algunos de los interesados se han acercado a los sindicatos, la última palabra estará en lo que Conesa logre a cambio de una participación accionaria que andaría entre 10 y 15 por ciento. Un tema delicado son las pensiones.
Pese a todo, algunos empresarios no han quitado el dedo del renglón de ir por Aeroméxico. Ofertarían hacia mayo o junio, una vez definido lo laboral, así como el esquema de la colocación.
Le confirmó el interés que hay de Jorge Nehme Name, Moisés Saba Masri, Carlos Hank Rhon y Alfonso Romo.
Como quiera a esta historia, por lo que se ve, aún le sobra mucha cuerda.
Y MAS ALLÁ de que Asur decida en su momento participar en la subasta por el aeropuerto Riviera Maya, esto en el último tramo del año, y que la CFC de Eduardo Pérez Motta lo autorice, fíjese que en el escenario de esa compañía que preside Fernando Chico Pardo hay otro desafío. Tiene que ver con destrabar el tema jurídico para lo que será su segunda pista en Cancún. En el sexenio pasado se cometieron algunos yerros en lo jurídico por parte de SCT a cargo de Pedro Cerisola, lo que motivó amparos en la tenencia de la tierra que ahora deberán destrabarse por el equipo de Luis Téllez y la misma Asur.
¡VIVA LA DEMOCRACIA y la retórica de los políticos! Y esto a resultas de los lujos del defensor de los pobres de México, en este caso el desacreditado perredista Andrés Manuel López Obrador. Sucede que en el catálogo de año nuevo del famoso diseñador "bijan" que despacha nada menos y nada más que en Rodeo Drive en Beverly Hills, aparece incluido entre los clientes distinguidos. Comparte créditos con Tom Cruise, Anthony Hopkins, Andy García, Elton John, George Lucas, Harrison Ford, Tony Blair, George Bush, Bill Clinton, Ted Turner y empresarios mexicanos como Carlos Slim Helú, Carlos y Jorge Hank Rhon, Roberto González Barrera, Emilio Azcárraga, Miguel Alemán, por citar algunos. Como ve el de los zapatos "Flexi" y su Nissan también disfruta de lo bueno, con el debido respeto de los pobres.
HOY TOMARA POSESIÓN Enrique Castillo Sánchez-Mejorada como nuevo presidente de la ABM en sustitución de Marcos Martínez. Lo acompañarán como vicepresidentes, tal y como se lo adelanté, Ignacio Deschamps de Bancomer, Luis Peña de Banorte, Jaime Ruiz Sacristán de Ve por Más quien llegó a contender por el puesto y Orlando Loera del Bank of America. Sin duda un muy buen consejo directivo para atender muchos de los temas calientes que seguro habrá. Por cierto que ayer Martínez Gavica comprometió como le di a conocer, más crédito. La meta es cuadruplicar el saldo de financiamiento al sector privado, lo que representará una colocación adicional por 3 billones 300 mil millones de pesos a infraestructura, Pymes y el campo. El coeficiente pasará del 13.5 por ciento del PIB al 27.8 por ciento. Ojalá.
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